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Zonas Arqueológicas del Estado
Zonas Arqueológicas del Estado
Plazuelas
Plazuelas
Ciudad esculpida al ritmo de la sierra

Coordinador del proyecto arqueológico:
Carlos Castañeda López



En las estribaciones sureñas de la sierra de Pénjamo, al suroeste de la sierra de Guanajuato, se hallan los vestigios de una de las ciudades más complejas de esta región. Concebida como un espacio abierto y en relación directa con los cerros, Plazuelas sobresale por su integración al paisaje, edificándose cuidadosamente para no romper el orden de su entorno. La ocupación de este sitio se dio entre 600 y 900 d.C., periodo en el que el territorio del actual estado de Guanajuato alcanzó su mayor densidad de población. Plazuelas es la primera zona arqueológica del estado abierta al público (2006).

Plazuelas
El conjunto Casas Tapadas en armonía con la sierra de Pénjamo
Foto: Archivo INAH

El contexto geográfico
Sobre tres laderas que separan dos barrancas –Los Cuijes al oeste y Agua Nacida al este–, los edificios fueron construidos de manera dispersa, comunicándose entre sí a través de largas calzadas y veredas que suben y bajan entre los cerros, y en donde un manantial, El Agua Nacida, es el punto de confluencia de ellos. Al norte, el límite de esta antigua ciudad es la sierra de Pénjamo; al este hay otras laderas, parte de las estribaciones sureñas. Bordeando las orillas superiores de las barrancas sobresale un afloramiento rocoso que fue usado como banco de material para la construcción de los edificios y para tallar sobre él diversas imágenes con referencias a símbolos mágicos y religiosos. En la ladera central se observa un abrupto quiebre a los lados este y oeste; y mientras que el lado sur fue nivelado con grandes terrazas, por el norte el terreno baja un tramo suavemente para luego integrarse con el cerro Los Picachos. La zona de monumentos

La ladera central ha sido la más explorada del sitio arqueológico de Plazuelas. En ella sobresalen dos complejos edificios que resaltan la importancia del sitio: una cancha para el juego de pelota y un conjunto de plazas y basamentos piramidales al que se ha nombrado Casas Tapadas. De las tres laderas, es ésta la que requirió el mayor esfuerzo constructivo para corregir las irregularidades del terreno y lograr una gran explanada que debió reunir durante su apogeo a un gran número de visitantes. Por el sur, dos grandes terrazas escalonadas acortan el fuerte desnivel del terreno; por el este, un juego de ligeras terrazas ayuda a nivelar la explanada, mientras que por el oeste, sobre la barranca de Los Cuijes, se tuvo que construir un muro de 30m de altura. Los basamentos norte, este y sur están unidos por un largo muro-banqueta que enmarca un pequeño palacio, el basamento central y un altar. Este muro-banqueta, en el que se debieron sentar los visitantes a observar las ceremonias, recuerda el largo muro que encierra el espacio de los principales templos en Teotihuacan, Tenochtitlán y Tlatelolco, con el que crearon un recinto sagrado. Se accede a Casas Tapadas por diversas escalinatas en los cuatros rumbos. Al parecer, las del norte, este y sur eran parte de la vialidad interna del edificio, mientras el de oeste debió ser el acceso principal para los visitantes foráneos, ya que se llega a ella por una larga calzada de 500 metros de longitud. Durante las excavaciones se hallaron, al pie de la ladera oeste, cuatro fragmentos diseminados de una escultura de 2.60 metros de largo, que debió estar colocada en posición vertical a manera de marcador, y posiblemente funcionaba como símbolo de fecundidad. Los fragmentos tienen grabados distintos motivos, similares a los de las piedras que rodean Plazuelas.

Plazuelas
Detalle arquitectónico de Casas Tapadas
Foto: Archivo INAH

Al entrar por el lado oeste sobresale en primer plano un pequeño edificio que se ha identificado como palacio, lugar de reunión de gobernantes, nobles, sacerdotes y guerreros. Bajo una de las columnas de este palacio fue depositada una escultura pintada de rojo, que asemeja una serpiente emplumada con las fauces abiertas de la que emerge el rostro de un personaje ataviado con collares. Al pie de la escalinata sur se inicia una calzada que conduce a un juego de pelota con varias particularidades. Primero, no se encuentra dentro del conjunto monumental, sino al centro de una gran plaza por lo que podía ser visto a gran distancia. Algo muy interesante es que desde esta cancha se puede observar que el perfil este-oeste de los tres basamentos piramidales de Casas Tapadas imita la silueta triple de Los Picachos. En otros sitios se encuentran asociaciones similares. En Mesoamérica los cerros eran considerados sagrados, ya que se creía que en su interior habitaban los dioses de la fertilidad y que de aquí salían las aguas que fertilizaban la tierra, por lo cual se repetía su silueta en sus edificios, como una forma de abstraer el poder divino. El museo de sitio

De la colección arqueológica exhibida en el museo de sitio destacan los marcadores que se encontraron en el juego de pelota. Se trata de magníficas esculturas de dioses asociados a la fertilidad, enfatizando el carácter ritual del juego. El marcador oriente presenta atributos del dios de la lluvia, manifestados en una serpiente. El marcador poniente muestra el rostro de un ser mitológico que conjuga rasgos de serpiente y lagarto, animales relacionados simbólicamente con la tierra y la fertilidad. Las esculturas del extremo norte representan serpientes mitológicas, comparten rasgos con el dios de la lluvia y del trueno, sobresaliendo las garras en su parte inferior y un penacho con plumas desplegadas hacia atrás, simbolizando el poder de los elementos de la naturaleza.

Entre el escombro del edificio Casas Tapadas, se encontraron numerosas piedras talladas que debieron estar colocadas a manera de remate arquitectónico. Dichas piedras, también exhibidas en el museo, tienen la forma de dos rayos encontrados sobre un atado de cañas, lo que tiene relación con el dios de la lluvia y del trueno.

Es interesante destacar también las cuentas de cerámica de formas zoomórficas y antropomórficas que se exhiben junto con la colección de instrumentos prehispánicos, la cual se integró principalmente gracias a las donaciones realizadas por los habitantes de Plazuelas.

Los petrograbados
Cerca de los edificios principales, sobre cientos de rocas ígneas que afloran por doquier, se tallaron en alto y bajorrelieve diversos símbolos que aluden a la concepción del universo de los habitantes del lugar. Estos elementos convierten a Plazuelas en un sitio muy complejo. En muchas de las rocas, el ángulo del reflejo solar es determinante para su observación, tal parece que hubieran sido talladas para apreciarse sólo en pequeños momentos a diferentes horas del día. En esta inmensidad de petrograbados sobresale la representación en miniatura de Casas Tapadas. En ella están ilustrados todos sus elementos arquitectónicos, lo que permitió que sirviera de guía para orientar las excavaciones durante el proceso de restauración. A pesar de los avances en la exploración, Plazuelas sigue siendo un lugar de grandes incógnitas. El diseño y ornamentación de sus edificios evoca una y otra vez el antiguo culto a los dioses que personificaban el agua, la tierra, el fuego y el viento, elementos indispensables para la reproducción de la vida entre los que destacan los atributos de Tláloc, dios de la lluvia, señor del tiempo agrícola. Por otra parte, la combinación de los diseños tallados en las rocas y las representaciones arquitectónicas distintivas de regiones cercanas y lejanas, confirman a Plazuelas como un centro que aglutina la complejidad del pensamiento de los diversos pueblos que formaron parte de la civilización mesoamericana.

Plazuelas
Uno de los petrograbados con representaciones arquitectónicas
Foto: Archivo INAH